Vuelven estos prolíficos monitos del ártico británicos al mercado del disco, chavales post-adolescentes saludados alborozadamente un año antes con su debut por los medios de su país, tan dados a bautizar mesías del rock cual SantosJuanesBautistas en el Jordán.
Sus sonidos no son más que remedos de agitadas propuestas previas garage-punk, brit-pop, post-punk y new wave, mixturados con otros conjuntos contemporáneos, coctelera nervuda de Libertines, XTC, White Stripes, Blur, Stranglers, y Franz Ferdinand.
El acercamiento a sus referencias es cerril y acelerado, las melodías por lo general resultan anodinas, los textos, más ensombrecidos que en el previo álbum, apuntan inofensivas estampas urbanas y personajes en ocasiones expuestos en aprietos existenciales, pero recargan fragmentaciones sin calado, sin significación a nivel lírico, sometiendo su valía a una agresiva propuesta instrumental, con riffs garajeados, enfoque bailongo-botellón, percusión meneada, guitarras zumbantes y angulares, vocalidad puntualmente neurótica, bajos palpitantes de esencia funk…
Su derivación no implica ausencia de temas de cierto reconforte e instantaneidad, que sirvan para una regular oscilación cabezal y movimiento pezuñero.
En especial el inicio del álbum, con una sucesión de piezas belicosas de alto ritmo, como “Brainstorm”, “Teddy Picker” y “D is For Dangerous”, canciones sudorosas de jadeante achicleo escapista, cabrioleo y esparcimiento juvenil.
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